El regreso
⏳ 99 días sin escribir
Ya sé que no he sido muy original en el título de hoy. Llevo mucho tiempo sin escribir: nunca había pasado tanto tiempo sin hacerlo. Desde el 4 de octubre de 2025, cuando salió el último boletín que se llamaba La abundancia y la tristeza, hasta hoy, 10 de enero, han pasado 98 días.
No lo he hecho a propósito: podrían haber sido 100 e inventarme una historia chula de reinvención, resurgimiento o algo así… No ha habido cálculo, ni épica, ni cuenta atrás. Solo casualidad y cansancio.
Tampoco creo que sea especialmente original explicando las razones por las que en todo este tiempo no he escrito. El exceso de trabajo es un clásico entre quienes escribimos y, de pronto, dejamos de hacerlo. Que si se nos seca la creatividad. Que si obligarse a sacar un texto distinto cada semana acaba pesando. Todo eso es cierto. Y, al mismo tiempo, nada de eso lo explica del todo.
También ha tenido algo que ver (creo) mi relación cada vez más ambivalente con la inteligencia artificial. La utilizo mucho en mi trabajo diario, pero no en los procesos creativos. A veces le pido ideas, y casi siempre me devuelve cosas poco interesantes o que no tienen demasiado que ver conmigo. Y lo cierto es que me da miedo. Siento esa extraña tensión entre el bien y el mal. Por eso me interesan mucho las reflexiones que hacen Víctor Millán y Guillermo Gascón en su curso Más listo que la IA, donde hacen una aproximación clara y honesta a las herramientas actuales de inteligencia artificial. Si te apetece, échale un ojo (yo no me llevo nada por ello).
En estos 99 días también le he dado vueltas al formato del boletín. Era bastante estable: un artículo único, ni muy largo ni muy corto, con alguna recomendación seriéfila y algo sobre palabras que molan que voy aprendiendo cuando leo. Esa estructura fija, por un lado, me ayudaba a escribir con cierta regularidad. Pero, por otro, acababa generando dudas. No sé si aburrimiento es la palabra exacta. Quizá desgaste. O la sospecha de si quienes leéis esto no pensaréis que es demasiado largo.
Así que, si a alguien le apetece decir algo al respecto, aquí tiene la puerta abierta 🤗. Yo, de momento, estoy contento porque no he llegado al día 100 de sequía escritora.
❤️ Me ha encantado
En estos 99 días he leído sobre todo mucho ensayo, pero en vacaciones he vuelto a la ficción con una novelita maravillosa de la argentina Mariana Travacio que se llama Quebrada.
Me han sorprendido muchas cosas, especialmente la increíble belleza de lo que cuenta y cómo lo cuenta, a pesar de la dureza de lo que describe. El título Quebrada se refiere al lugar en el que vive una pareja mayor: un sitio abandonado, en una montaña, sin apenas recursos, casi sin poder ver a nadie. Y cómo ella, de pronto, decide que quiere ver el mar, que quiere ver otras cosas, que quiere ver animales, que quiere disfrutar de una lluvia continua y no de una lluvia salvaje.
Es una novela, podríamos decir, costumbrista, y eso también me llamó mucho la atención, porque parece que este tipo de literatura no está de moda. Sin embargo, me atrapó y me la bebí en nada porque es muy cortita.
📽 Te recomiendo (más de) una serie
Una maravilla:
Samuel, una joya de animación que podéis encontrar gratis en RTVE.
Buena:
Anatomía de un instante, la serie basada en la novela de Javier Cercas. Como no he leído el libro, no tengo manera de compararlo, pero la serie me ha gustado mucho. (Movistar+).
Sorprendentes:
La empresa de sillas. Me atrapó al principio porque me pareció muy loca y luego se me fue cayendo un poco. Recomendable, de todas formas. (Max).
La española Animal, la serie de Netflix con un excelente Luis Zahera.
Entretenidas:
Blue Lights (tercera temporada), la serie policíaca que se desarrolla en la Irlanda británica. A mí nunca me defrauda. Y me entretiene. (Movistar+).
Down Cemetery Road con una estupendísima Emma Thompson. Conspiración gubernamental, civiles tratando de destapar el escándalo… (AppleTV y Amazon Prime).
El centro, la serie española sobre el CNI. Un thriller actual con espías y hasta un traidor interno. (Movistar+).
Y hasta aquí Escribir para no odiar. ¡Nos leemos el próximo sábado!
«El odio es la cólera de los débiles».




En mi ya extinta newsletter tuve una etapa con recomendaciones y terminó siendo una carga.
Lo más sostenible en el tiempo es escribir de la manera más orgánica posible. Yo dejé de publicar porque me quedé sin ideas y no quería repetirme. Estoy pensando en volver solo con notas, ahí veré.
Me alegro mucho de tu vuelta. Y ahora que estoy estudiando periodismo, tu boletín siempre será un ejemplo, un modelo de claridad y amenidad a la hora de escribir.
El formato me parece estupendo y tus sugerencias sobre libros, geniales. En cuanto a las series, no solemos coincidir.
En todo caso, gracias por volver.